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dilluns, 21 de novembre del 2011

Crónica 17N - Bloqueo ferrocarril



El 17 de noviembre tuvo lugar una huelga en las universidades de Barcelona. Quejándose por las "retallades" del Govern en la enseñanza pública, los estudiantes se convirtieron, por un día, en piquetes. En la Universitat Autònoma de Barcelona alrededor de cien pasaron la noche en la Facultad de Política.


Al llegar al control del ticket, un piquete que, envalentonado por el ambiente, se dispuso a saltarlo. Un guardia le llamó la atención y les abrió: “No hace falta que hagas eso”, le advirtió. Movido por los mismos motivos, volvió a intentarlo a la salida, con idénticos resultados. El numeroso grupo se dividió en dos y, haciendo caso omiso a lo que les dijo el encargado, se instaló delante del primer ferrocarril que paró ahí, proveniente de plaza Catalunya.






El encargado les propuso que, a cambio de que ellos dejaran de obstaculizar las vías, él se encargaría de que ningún tren se detuviese en la estación de la universidad. “Lo que queréis es que la gente no suba a clase, no hace falta perjudicar a los trabajadores”. 










Tras una rápida deliberación, los estudiantes declinaron la oferta; los pasajeros no tardaron en saltar a la vía y quejarse. “¡No es justo! Es mi primer día de trabajo después de tres años en paro y llegaré tarde”, se lamentaba una mujer.

Los manifestantes argumentaban que se trataba de un día de huelga, excepcional, y pedían un poco de flexibilidad. “El día que a usted le bajen su nuevo sueldo, señora”, respondió una joven de veintiséis años, “nosotros le apoyaremos cuando salga a la calle”. Un pasajero, que grababa y hacía fotos con su iPhone les preguntó con malicia si alguno trabajaba. La misma chica contestó: “Yo estoy en un laboratorio de la autónoma y no se me remunera por mis investigaciones, cuando está obteniendo un beneficio”.


A las nueve menos cuarto, cuando el otro grupo se reunió con el blocus, volvieron a la plaza central para dividirse en facultades para sabotear clases. Los de la de comunicación subieron por la hemeroteca, que les servía también como biblioteca. En la entrada, un trabajador arreglaba la maqueta bajo una impávida mirada que resultó siendo recíproca.



diumenge, 20 de novembre del 2011

Crónica 17N - Bloqueo AP-07



 El 17 de noviembre tuvo lugar una huelga en las universidades de Barcelona. Quejándose por las "retallades" del Govern en la enseñanza pública, los estudiantes se convirtieron, por un día, en piquetes. En la Universitat Autònoma de Barcelona alrededor de cien pasaron la noche en la Facultad de Política. Durante todo el día entorpecieron la actividad docente y se pararon para la manifestación, a las seis de la tarde. 

Una hora después del fatídico despertar, el numeroso grupo partió hacia la plaza Cívica, lugar desde el que se accedía a los ferrocarriles. Los más apasionados empujaban contenedores y cargaban con vallas para bloquear la entrada, entorpeciendo así una de las principales arterias. En unos escasos minutos el fuerte estuvo preparado mientras que, poco a poco, se iba haciendo de día. La hemeroteca observaba impasible cómo un hilillo de hormigas correteaba con más vallas y terminaba de sellar los diferentes accesos a los ferrocarriles.


En el puente de debajo de la Facultad de Poltica y Sociologa
Saliendo de la universidad






Al cabo de veinte minutos ya estaban listos para el siguiente objetivo: detener durante un rato el tráfico de la AP-07, la arteria que comunica la ciudad condal con el campus.










De camino, el grupo coreaba “Universidad, ¡pública y de calidad!”; ante lo que Sandra comentó: “Esto es más para auto motivarnos que para manifestarse”.











La marcha en la autopista resultaba “una fuerza anuladora”, constató Erika. “Es el hombre contra la máquina, añadió más rotundamente Anna. Diez minutos después de haber comenzado el bloqueo ya asomaban los conductores indignados.





Un guardia urbana vigilando en la autopista





Un guardia urabana, que al aparecer fueron      
abucheados al ritmo de “menos policía y más educación”, se vio obligado a pedirle a uno que bajara el tono. 







“¡Es que no puedo más!”, lanzó justo antes de que la conversación se terminase. Y es que lo piquetes coreaban incesantemente cantos de crítica. “¡Hay otras maneras de hacerlo!”, se quejaba un motero especialmente. “Hemos agotado todas las vías legales, simplemente queremos que vengan los medios y que se haga eco”, contestó un estudiante.

En RAC1 se destinaba, entre la serie de noticias sobre las elecciones del próximo veinte de noviembre, elecciones, a explicar que se había cortado la Diagonal a la altura de la Zona Universitaria y la Gran Vía por plaza Universidad; además de la UAB.

 (Emisión del jueves 17/11/2011 - El món a RAC1 de les 08h - minut 2.30 a 4.40)


Se aprovechó para repartir, entre el atasco artificial, panfletos sobre qué y porqué lo hacían. Cuando el tapón se empezó a replegar, hubo aplausos: volvían a la plaza Cívica. De ahí saltaron sus propias barricadas y asaltaron la estación de ferrocarriles.

dissabte, 19 de novembre del 2011

Crónica 17N - Por la mañana


El 17 de noviembre tuvo lugar una huelga en las universidades de Barcelona. Quejándose por las "retallades" del Govern en la enseñanza pública, los estudiantes se convirtieron, por un día, en piquetes. En la Universitat Autònoma de Barcelona alrededor de cien pasaron la noche en la Facultad de Política. Durante todo el día entorpecieron la actividad docente y se pararon para la manifestación, a las seis de la tarde. Iremos publicando las crónicas de cómo fue avanzando ahí diariamente.


Pancarta del hall de la facultad
A las seis de la mañana, las luces de las aulas-dormitorio de la facultad de ciencias políticas se encendieron. Fue obra de los madrugadores, que arruinaban sueños de pocas horas. Los más espabilados daban divertidos golpes a los que seguían durmiendo con una sonrisa marcada por el cansancio. Algunos se quedaban un rato en un punto intermedio, metidos en saco, con las palmas bajo el cogote y la vista clavada en el techo. A medida que la luz iba cuajando se oía el rumor de las conversaciones crecer paulatinamente.

         


            Los encargados de la comunicación con el exterior ya publicaban actualizaciones en twitter. Arrastrando los pies y alargando los pasos, los recién despertados se dirigían cual autómata a la cocina. Ahí, el escaso de brick de leche voló a cucharazos de café en polvo; las galletas y el zumo fueron la gran alternativa de los que no llegaron primeros. Algunos, hambrientos, se abalanzaron sobre la exuberante fuente de cuscús de la noche anterior. En los pasillos, los estudiantes se saludaban tímidamente, embozados en sus chaquetas y sudaderas.

            Al lado de la entrada principal de la facultad estaban las codiciadas máquinas expendedoras. Entre ellas, había dos máquinas de café, aunque solo funcionaba una. Al terminarse la leche se convirtió en el principal proveedor de café: a su alrededor se acabaron formando varias tertulias. Dos mujeres de la limpieza salieron de la nada y se pusieron a charlar con algunos jóvenes. Cada uno explicó su particular epopeya de la noche anteriorBorja, estudiante de Séneca, explicaba, vaso en mano, que por haber llegado tarde a los dormitorios, sobre las tres y media, tuvo que ir a la facultad de letras e instalarse en un pasillo. La luces se encendieron una hora y media después, a las cinco; desde entonces, estaba en marcha. “Me he pegado un buen chute de café”, decía entre risas.